Economía

Introducción a la Economía China (X): Las dinastías del Norte y del Sur (南北朝)

Como vimos en la anterior entrega, a finales del siglo III la dinastía Jin fue haciéndose cada vez más débil políticamente por un gran número de factores tanto políticos como sociales. La guerra de los ocho príncipes (八王之亂) dejo muy debilitada la legitimidad de la dinastía, al tiempo que las tribus bárbaras del norte (五胡) comenzaban a tener cada vez más influencia en la sociedad. Estos hechos obligaron a una gran parte de la población (cercana al 13%) a emigrar al sur, produciendo una sinificación importante del sur de China.

Al mismo tiempo, la creciente influencia de la cultura de las tribus del Norte estaba debilitando la raigambre social de la dinastía. El poder militar de la dinastía Jin también era cada vez más débil, pues el Sistema Militar de Cultivo de Tierra (屯田制) que hacía que ciertos campesinos eran designados para ser militares, perdiendo su prestigio personal, llevo a muchas deserciones y a un debilitamiento del ejército.

Por eso, la caída de la dinastía Jin se compara con la caída del Imperio Romano, pues en ambos casos el debilitamiento político y económico de los territorios fue aprovechado por las tribus bárbaras para establecer sus sistemas políticos y militares.

I

Dinastías del Sur

Tras la huída hacia el sur, una serie de estados bárbaros en el Norte se fue concentrando, llevando a la siguiente época en la historia de China, conocida como las dinastías del Norte y del Sur (420-589). Existían dos centros de poder bien diferenciados: el Norte controlado por las tribus bárbaras y el Sur controlado principalmente por étnias Han, pero ambos influidos por diferentes culturas.

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Mapa que ejemplifica las dos dinastías más importantes en China: Liu Song en el sur y Wei del Norte en el Norte.

El inicio de dicha época podemos situarlo en torno al año 420 con el establecimiento de la dinastía Liu Song en el sur (劉宋), tras una serie de exitosas conquistaS por parte de Liu Yu (劉裕). Durante dicha dinastía en el sur -que duró hasta el 479- se expandió extraordinariamente el budismo, el taoísmo, el arte y la tecnología. Numerosos templos budistas florecieron por toda China -no sólo en la dinastía del sur-, así como invenciones tan importantes como el estribo, que permitió el uso de una caballería profesional en el ejército así como un uso más eficiente de los animales. Sin embargo, en el sur las guerras civiles, el caos político y el enfrentamiento constante con las dinastías del norte no cesó.

Probablemente, la dinastía Liu Song consiguió perdurar en el poder más de un siglo sin ser conquistada plenamente por las dinastias del sur debido a su gran poderío naval y actividad comercial. La actividad de construcción de barcos era muy importante, y consiguieron colocar una enorme flota a lo largo del río Yangtze (扬子江), asegurándose una importante protección militar. Asimismo, la increíble victoria militar de la dinastía contra la dinastía del Norte en la batalla de Feishui (肥水之戰), consiguió apuntalar la existencia del régimen del sur por un largo período, a pesar de ser económicamente, demográficamente (su población era 11 veces menor) y políticamente más débil.

La batalla de Feishui resultó en la muerte de más de 700 mil soldados del imperio del norte (que contaba con 800 mil soldados) a manos de tan sólo 80 mil soldados de la dinastía Liu Song, que apenas sufrieron bajas militares. Dicha victoria se atribuye a la motivación por proteger el territorio de las tropas de Liu Song, así como su conocimiento del terreno local. La derrota catastrófica de la dinastía Qi del norte (前秦), motivo numerosas revueltas dentro del territorio septentrional llevando a la caída de la dinastía Qi del norte y a su sustitución por la dinastía Wei del Norte (北魏).

Durante la dinastía Liu Song, el taoísmo tradicional comenzó a evolucionar e incluso se estableció el llamado neotaoísmo (玄学), que era una mezcla de filosofías -incluyendo la confuciana- y misticismo, que podemos considerar como una de las manifestaciones del incipiente taoísmo religioso. Además, durante está época se hizo común las conocidas tertulias o Chingtan (清談) donde los intelectuales solían divagar sobre numerosas materias. Además, los budistas y taoístas estaban exentos de pagar impuestos, lo que llevó a que numerosas personas declarasen pertenecer a dichos colectivos para ahorrarse el pago de tributos, lo que provocó un importante problema en las finanzas públicas.

II

Dinastías del Norte

Al mismo tiempo, durante este período, el norte de China estuvo controlado en los años 386-534 por el clan de los Tuoba (拓跋魏) de Xianbei (鮮卑) residentes del territorio donde se emplaza la Mongolia actual.

Durante el reinado de la dinastía Jin en toda China, se logró una alianza con el clan de los Tuoba para impedir la conquista por parte de las tribus Xiongnu, hasta que con la caída de la dinastía Jin y la huída hacia el sur, los Tuoba tomaron finalmente el poder formando la dinastía Qin Anterior en el año 376 (前秦).

Como vimos, la dinastía Qin Anterior sufrió una vergonzosa derrota tratando de atacar el sur de China en la batalla de Feishui, provocando enormes revueltas y llevando a que los herederos del entonces emperador Fu Jian (苻堅) establecieron el estado conocido como Wei del Norte (北魏) en el 386.

A pesar de ser un Estado controlado por pueblos que provenían de tribus cercanas al norte, las políticas y las costumbres fueron haciendo cada vez más cercanas a las preexistentes en el territorio y se fue produciendo una sinificación creciente. Durante dichos años, los ambos territorios de China (la dinastía del Sur y la del Norte) convivían tanto con elementos culturales de las tribus locales como elementos propios de China tradicional. Y por si todo ello no fuera suficiente, a su vez, ambos territorios estaban recibiendo una enorme influencia del budismo, que en numerosas ocasiones se utilizó como elemento de control político y social de la población.

En el año 486, se introdujo una reforma con respecto al reparto de la tierra en el estado de Wei del Norte, introduciendo el Sistema de Tierra Equitativa (均田制) que consistía en que el Estado era el propietario de toda la tierra y dicha tierra era asignada al campesinado en función de criterios de habilidad y equidad. Tras la muerte del campesino, dicha tierra volvía al Estado para volver a ser repartida.

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El Sistema de Tierra Equitativa aumento el poder del Estado sobre la población y la centralización del mismo por el territorio

Dicho sistema provocó un aumento extraordinario del poder del Estado sobre el territorio, ya que numerosos terratenientes que contaban con enorme influencia hasta el momento se vieron desprovistos tanto de su poder como de sus tierras.

En el estado de Wei del Norte convivían elementos políticos y culturales de diferentes culturas. Por ejemplo, un elemento perteneciente a las tribus del norte consistía en que los oficiales del estado no tenían derecho a percibir un salario, sino que la población era la que debía cuidar a sus gobernantes, lo que provocó una corrupción galopante. El territorio se dividía en familias. Cada cinco familias (6-10 individuos) creaban un barrio, cinco barrios constituían un pueblo, cinco pueblos eran una comuna.

Tras la derrota militar con el estado del sur en la ya mencionada batalla de Feishui, el nuevo estado Wei del Norte concentró sus esfuerzos militares en el norte, tratado de conquistar las tribus que allí se asentaban y logrando numerosos éxitos militares entre los que destacan la conquista de las tribus Rouran (柔然).

Una vez que Wei del Norte se fortaleció militarmente, geográficamente y demográficamente, se iniciaron de nuevo las incursiones militares hacia el sur de China. Sin embargo, dichas incursiones militares fueron bastante prudentes, entre otras cosas por las influencias de prudentes consejeros hacia los dirigentes. Entre dichos consejeros, destaca Cui Hao (崔浩), un personaje enormemente influyente en la política de Wei del Norte.

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Reconstrucción de Cui Hao, uno de los taoístas más influyentes en la historia de China

Durante el reinado del emperador Mingyuan (明元) de Wei del Norte -entre el 392 y 423-, uno de los principales consejeros era Cui Hao que sorprendía constantemente al emperador por su enorme conocimiento en un gran número de áreas, incluyendo predicciones muy precisas sobre ciertos acontecimientos. Sus recomendaciones militares se basaban en la paciencia y en la certeza de que algún día toda China sería controlada por el estado de Wei del Norte.

Cui Hao se hizo seguidor del líder taoísta Kou Qianzhi ( 寇謙之), que introdujo numerosas reformas en el taoísmo, que lo orientaron aún más a la religión y meditación. Cui Hao, que previamente había declarado que no le gustaba ni el DaoDeJing ni Zhuangzi, se hizo un férreo taoísta.

Cui Hao, una vez convertido al taoísmo, continuó su labor política asesorando al emperador Taiwu (太武), hasta el punto de convencer a Taiwu de convertirse al taoísmo y favorecerlo políticamente.

Cui Hao al mismo tiempo consideraba al budismo como una enfermedad que había que erradicar, pues dicha filosofía se utilizada como instrumento de control de la población, y logró convencer al emperador Taiwu de dictar su prohibición, deportaciones de budistas y destrucción de templos budistas. Ambos consideraban el budismo como una religión de bárbaros. Cui Hao fue el responsable de la reforma de las leyes criminales, haciéndolas menos estrictas y reduciendo el número de años de las condenas. Se aprobó la obligación de colocar un tambor en cada edificio público, para que cualquier ciudadano pudiese tocarlo en forma de protesta, para que sus quejas fuesen escuchadas.

Taiwu, con la ayuda de Cui Hao, logró unificar el norte de China y se dirigía a la conquista del sur, tras haber duplicado su tamaño.

Sin embargo, el estado de Wei era cada vez más odiado por sus ciudadanos, debido a la creciente influencia China que habían recibido sus élites durante el siglo V. A su vez, el Estado cada vez albergaba más ciudadanos de las tribus del norte debido a sus conquistas, lo que se traducía en un alejamiento creciente entre los ciudadanos y las élites gobernantes.

Los ciudadanos menos sinificacados junto con facciones del ejército comenzaron a mostrar signos de hostilidad hacia la corte, hasta que se organizaron rebeliones que duraron más de una década.

El estado de Wei del Norte terminó dividiéndose en dos: Wei Occidental y Wei Oriental. Ambos duraron muy poco tiempo y sus territorios fueron eventualmente conquistados por Zhou del Norte, que finalizó el trabajo de volver a unificar China conquistando las dinastías del sur de China y estableciendo la dinastía Sui (隋 )en el 581, de la que Zhuangzi Institute se encargará en la próxima entrega.

III

Conclusión

La enorme extensión del territorio de China junto con las diferentes influencias culturales tanto del budismo como de las tribus del Norte, así como el debilitamiento del confucianismo, provocaron una creciente división entre los territorios de China. Dos dinastías nuevas se crearon, los que gobernaban el sur y los del norte. El taoísmo comenzó a perder su vertiente más filosófica en favor de un nuevo incipiente taoísmo religioso. A pesar de las guerras y la división territorial, el resultado de todo el proceso fue una sinificación de todos los territorios colindantes de la China anterior, tanto en el sur como en el norte. China también logró absorber elementos culturales de las tribus del Norte y absorber elementos del budismo.

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Fuente: Elaboración propia a partir de numerosas fuentes de datos poblacionales (ver referencias al final del artículo)

Las estimaciones existentes de población durante la época son poco precisas y apuntan a una ligera reducción de la población durante el período, a pesar de las mejoras tecnológicas. Al final de la dinastía Jin la población de China era aproximadamente de 56 millones de habitantes mientras que al inicio de la dinastía Sui, la población era de 46 millones, lo que equivale a una caída de un 20% de la población durante los 180 años que duró la época de las dinastías del Norte y del Sur.


Fuentes:

  • The Demographics of Dynastic China (ver)
  • Wei dynasty, Britannica Encyclopedia (ver)
  • The Samurai Archives, Wei Dynasty (ver)
  • The Oxford Handbook of Cities in World History Beijing – A Concise History
  • Historical Dictionary of Medieval China
  • China: A History, Volume 1: From Neolithic cultures through the Great Qing Empire
Español, Filosofia

Entrevista en Bailando con Lobos

El pasado viernes 16 de diciembre, los fundadores de Chinacerca, Antonio Vegas y Javier Caramés, acudieron al programa Bailando con Lobos de Libertario para hablar del libertarismo en el pensamiento chino clásico.

En esta entrevista se trataron varios temas entre los que destaca el modelo de gobierno confuciano, la crítica al lenguaje del taoísmo o el ideal de la no-acción (無為). Asimismo, también se aportó una visión libertaria de la historia de la China Antigua y algunas diferencia entre Occidente y Oriente. También se ofreció una comparación entre la filosofía china clásica y la filosofía hayekiana. A lo largo del programa, se realizaron también reflexiones sobre la actualidad española analizadas desde el punto de vista del pensamiento chino clásico.

A continuación, pueden encontrar vídeos-resumen de los momentos más representativos de la entrevista:

Durante la entrevista, los fundadores de Chinacerca tuvieron oportunidad para tratar una gran variedad de temas relacionados con China. Para aquellos interesados en escuchar la entrevista completa, pueden hacerlo viendo el vídeo de abajo. Tengan en cuenta que la entrevista comienza a partir del minuto 12:00.

Por último, Chinacerca quiere agradecerle a Roi Vázquez-Guerra su colaboración con Chinacerca.

Español, Filosofia

Las vicisitudes del Tao

En este artículo, Chinacerca analizará una de las filosofías más antiguas del mundo: el taoísmo. Junto con el confucianismo y el legismo, han sido las corrientes más influyentes en la larga historia de China, y aún hoy día sigue estando muy presente en la estructura cultural y social de la civilización asiática.

Si bien toda inmersión filosófica requiere de concentración, adentrarse en filosofía china requiere de un añadido para los occidentales, ya que la cosmogonía oriental necesariamente requiere la suspensión de los modos occidentales de conocer el mundo. Además, el lenguaje ideogramático chino se suele caracterizar por su ambivalencia semiótica, lo cual hace que las palabras puedan adaptare más fácilmente a la realidad constantemente cambiante. Ésta es sin duda una característica que gustaría a Nietzsche, pues en el Crespúsculo de los Ídolos, criticó a todos aquellos filósofos que trataban de encorsetar la realidad mediante palabros convirtiendo así sus filosofías en momias (entre los que fueron objeto de esta crítica están Descartes, Kant y Platón). El chino pues tiene una naturaleza más proclive a captar la realidad cambiante ya descrita por Heráclito de Éfeso, haciendo las ideas filosóficas chinas diferentes ya en esencia.

El taoísmo es esencial para entender China. ayuda a explicar el característico estoicismo de Asia y las numerosas contradicciones que se viven en china. Aunque se suele situar en torno al 400  a.C., sus implicaciones están por doquier y aportan enseñanzas muy enriquecedoras.

Al igual que es probable que gran parte de la Biblia fuese un saber popular que posteriormente fue llevado a la escritura, es más que probable que el taoísmo ya estuviese en boga por las tierras de Asia antes de ser recogido por escrito en el Tao Te Jing (道德经, “El libro del camino de la virtud”). Y es probable que, al igual que Sócrates o Jesucristo, Lao Tse (老子, “maestro viejo”) -considerado el adalid del taoísmo- nunca haya existido. Lo que está claro es que los descubrimientos arqueológicos que llevaron al descubrimiento de las tablillas de bambú y seda con escritos taoístas, fueron la cristalización de un proceso evolutivo llevado a cabo, eso sí, por sabios de una magnitud inimaginable para la época.

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Dao De Jing

Para comprender la filosofía taoísta, es necesario entender claramente el concepto de Tao (道, “camino”), uno de los conceptos más oscuros pero más centrales en la filosofía que nos ocupa. Como Chinacerca publicó en su momento, el Tao no es más que el funcionamiento del mundo, la forma que la Naturaleza tiene de proceder, las leyes universales e intempestivas de la Naturaleza. Es un concepto cercano al arjé presocrático, pero el Tao tiene un sentido más espiritual que material: es un proceso, el camino por el que la Naturaleza discurre sin principio ni fin.

El Tao se hará sentir a través del Qi (气, “energía”). Es decir, las leyes de la Naturaleza (Tao), se hacen patentes a través de la energía (Qi), creándose y transformándose todo lo que hay (materia). Aquí conviene hacer una distinción entre existir y haber.

A diferencia del latín y el griego, en el chino existe una clara distinción entre la existencia (有, “haber, existir”; 无, “no haber, no existir”) y el ser (是, “ser”; 非, “no ser”). Esta distinción es importante, porque las cosas que existen o las cosas que hay son las que ya son materia, mientras que las cosas que son, engloban a las cosas que no hay y las que hay, en el sentido de que todavía no las hay, pero la Naturaleza podrá crearlas a través de la energía.

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La explicación más aceptada es la siguiente: el Tao, a través del Qi, crea el Yin (阴) y el Yang (阳), que no es más que la lucha de contrarios, a través de la cual el ser y el no-ser se suceden constantemente y se crea todo lo que existe: felicidad engendra la infelicidad y viceversa, la masculinidad engendra la feminidad y viceversa, el calor engendra el frío y viceversa, etc.

El Tao, que es infinito, se representa mediante un círculo. Luego engendrará el yin y el yang, que se representa mediante el blanco y negro simétrico en movimiento, que a su vez engendrarán todo cuanto hay.

En este sentido el Tao se asemeja bastante a la Idea de Hegel, al perfecto ser para sí, al Absoluto, donde los contrarios mediante un proceso dialéctico llevan a una síntesis, una especie de término medio. El Tao no es un ente material y en cierto sentido se asemeja al logos (conocimiento, funcionamiento del mundo, etc.). En el Tao De Jing se dice: “Quien responde cuando le preguntan por el Tao, no conoce el Tao”, aludiendo a la infinitud de la Naturaleza y por ende a su inaprenhensibilidad, pero también paralelo al concepto de ignorancia Socrática, donde es más sabio el que calla que el que afirma, también inserto en el taoísmo como veremos más tarde.

Ilustremos el concepto del Tao con un ejemplo. Las personas tenemos en nuestra Naturaleza ciertas características (como el medir 1,70 o desarrollar calvicie, por ejemplo) que pueden estar manifiestas o no: lo que se conoce como el fenotipo y genotipo. El Tao sería como el genotipo: las leyes de la Naturaleza, lo que está escrito que así sea, percibámoslo o no, se haya realizado o no. Y a través del Qi se va convirtiendo en fenotipo, se va realizando, manifestando: el ser se convierte en haber. El Tao por ende engloba lo que existe y lo que no existe. El Tao tampoco tiene un sentido de causalidad, sino de alternancia: la realidad va cambiando de estado, sin que exista una causa directa de tales cambios.

Por tanto, vemos que el Tao, se parece bastante al Dios en el que creía Einstein: el Dios de Spinoza, es decir, no hay otro Dios más que la Naturaleza en sí, las leyes del universo.

Una vez entendido el Tao, podemos pasar a aspectos más concretos de su filosofía. El siguiente concepto en importancia es el Wei-Wu-Wei (为无为, “actuar no actuar”), que podemos traducir como “actúa sin actuar”. Lao Tse defiende la inacción: “El que actúa fracasa; el que aferra algo lo pierde. Por eso el sabio no actúa y de ese modo no fracasa; nada retiene y de ese modo nada pierde”. Lo que Lao Tse defiende -más allá de la malinterpretación- no es la absoluta inacción sino la fusión de la acción del hombre con la acción de la Naturaleza, mediante la suspensión del razonamiento exacerbado, potenciando la espontaneidad y tratando de minimizar la intervención en la Naturaleza.

El objetivo de esta filosofía, como el de otras tantas, es conseguir llegar a la ataraxia, la falta de preocupación, la imperturbabilidad o lo que Zhuangzi (庄子), otro taoísta de la época clásica, descibiría como Xiaoyao (逍遥, “libre y despreocupado”). La forma de conseguirlo es a través de la suspensión (entiéndase por suspensión más una relajación que una negación) de la acción (无为, “no acción”), lo que implica la suspensión del deseo (无欲, “no deseo”), del conocimiento (无知, “no saber”), de la lucha (无争, “no lucha”), de la mente (无心, “no mente”) y de la palabra (无信, “no palabra”): “El hombre virtuoso debe abstenerse de toda afirmación”. De nuevo, observamos aquí una similitud con Sócrates que defendía que al no existir la verdad definitiva era más sensato el callar y el no actuar. En palabras de Lao Tse: “El que sabe no habla; el que habla no sabe”.

Esta idea está en conflicto a la propugnada por Ludwig Von Mises en la Acción Humana que defendía -al igual que Kant- que la razón humana siempre hará uso de la imaginación y nunca quedará colmada por completo. Para Mises, esto hará que el hombre siga persiguiendo sin fin objetivos cada vez más elevados, escalando así en el escalafón de las necesidades con el consiguiente desarrollo sin término de la civilización, provocando el progreso y que los hombres medren cada vez más y más. En Kant, esto hará que el ser humano cada vez se haga preguntas más elevadas sin poder responder, haciendo que la metafísica no transcurra por el camino seguro de una ciencia. De ahí que en Crítica de la razón pura abogase por una cierta suspensión y autolimitación de la razón. El taoísmo parece proclive a mantenerse en los primeros escalafones de la pirámide de Maslow, suspendiendo el deseo y el juicio (como quería Kant) con tal de alcanzar la ataraxia.

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Y aquí es donde se podría percibir una lucha de contrarios en la filosofía taoísta. Lucha entre la Naturaleza (Tao) y la autolimitación de la razón humana, pues en el seno del hombre está el desear, el plantearse interrogantes, en ir más allá. No obstante, la ambigüedad del lenguaje chino y la oscuridad del texto provoca en los lectores lo que el arte abstracto en sus observadores: que cada uno vea o interprete exactamente aquello que su imaginación le permite. Con una salvedad: todos pueden leerse en el Tao Te Jing a excepción de los arrogantes y ambiciosos, con los que Lao Tse fue claro y tajante.

La leyenda cuenta que Lao Tse se reunió con su coetáneo Confucio y le animó a dejar a un lado las ambiciones y jerarquías que se desprendían de su filosofía:

“Toda vuestra enseñanza no pasa de ser palabras dichas por hombres que hace mucho desaparecieron junto con sus huesos. Cuando un hombre virtuoso se acomoda a su tiempo marcha en carruaje y, cuando no, se mueve sin rumbo llevado por el viento. Suprimid vuestra arrogancia y vuestra ambición, vuestra obsequiosidad y vuestra lascivia; todo ello no favorece en nada a vuestra persona. Esto es todo lo que tengo que deciros”. Confucio se alejó y dijo a sus discípulos: “Sé que un pájaro vuela, que un pez nada, que un animal anda; para el que anda puedo hacer trampas; para el que nada puedo hacer sedales; para el que vuela, puedo hacer arcos y flechas. En cuanto al dragón, escapa a mi inteligencia de qué manera se eleva hasta el cielo. Después de haberlo visto hoy pienso si Lao Tse no será como un dragón”.

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Pintura de reunión de Lao Tsé y Confucio

Y es en este punto donde la filosofía de Lao Tse se acerca más a la de la Escuela Austríaca, concretamente a la fatal arrogancia de Hayek, donde cualquiera que ose gobernar está cometiendo el error de creer que semejante ardua tarea es posible para un ser humano cuando en realidad no lo es. De hecho, cuanto menos gobierne un gobernante, mejor será. En palabras de Lao Tse:

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Que podríamos traducir algunas partes de la siguiente forma:

“Por eso dice el sabio:

De nada me ocupo y el pueblo se enriquece por sí mismo;

No actúo y el pueblo se reforma por sí mismo;

Gusto de la quietud y el pueblo rectifica por sí mismo;

Es mi deseo no tener deseos

Y el pueblo se torna simple por sí mismo”.

“Con un gobierno caótico. El pueblo se torna honrado.

Con un gobierno vigilante malicioso se vuelve el pueblo”.

Este fue uno de los puntos en los que Lao Tse fue más claro de todos y cuyas ideas calaron en la civilización china. Como vemos, las ideas anarquistas son tan antiguas como el taoísmo y muchas de ellas no sólo lo defienden por ser moralmente superior y como culmen de la libertad individual, sino porque la reducción de normas conllevará el aumento del orden social. Asimismo, el taoísmo encuentra un paralelismo importante con el iusnaturalismo o derecho natural, que defiende que los derechos del hombre están fundados en la Naturaleza humana, aunque dichas leyes deben ser tan cambiantes como lo es el hombre.

En definitiva, el Tao, a pesar de ser una filosofía diferente y oriental, en realidad guarda paralelismos con ideas y corrientes occidentales y, aunque es tan genérico e interpretable que cualquiera puede interpretarse en el taoísmo, lo cierto es que es un antídoto contra el abuso de poder y Partido Comunista Chino haría muy bien de preponderar sus principios sobre los del Legismo

Autor:

Antonio Vegas

Filosofia

¿ Cuál es la diferencia entre Occidente y China? (I)

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En primer lugar, nos gustaría empezar este artículo llamando la atención sobre lo que definiremos como «China» y «Occidente». Consideramos que China es la tradición intelectual y cultural cuya base es el Período de los Reinos Combatientes y, en cierta medida, la dinastía Han y que Occidente es la tradición intelectual que procede de las civilizaciones grecorromanas.

¿Por qué empleo este criterio? De la misma forma que los pensadores griegos establecieron lo que significan conceptos como la religión, la política o la ética, los pensadores chinos establecieron el significado de conceptos como dào 道, 德 o xiào 孝 ( Siguiendo las convenciones, podemos traducir estos sinogramas como «vía», «virtud» y «piedad filial»)

Por este motivo, consideramos necesario estudiar los conceptos establecidos en las mencionadas civilizaciones clásicas para entender la diferencia entre Occidente y China. Por supuesto, no consideramos que esta sea la única metodología posible para abordar esta problemática pero tengo la esperanza de que pueda contribuir a comprender mejor  la diferencia entre la cultura china y la occidental.

Para ello escribiremos una serie de artículos en Chinacerca y empezaremos con el sinograma dào 道 «la vía». El dào 道 hace referencia a una vía tanto en sentido literal como en sentido metafórico. En este último caso, es una vía por la que se puede mover un individuo en su vida o el gobernante de un país. En el Período de los Reinos Combatientes muchos intelectuales investigaron y reflexionaron sobre cuál debía ser el dào 道 para gobernar un país. Las opiniones sobre el dào 道 que más transcendieron fueron las de Lao Tsé y Zhuangzi, filósofos clasificados posteriormente con el nombre de dàojiā 道家 que, literalmente, quiere decir Escuela de la Vía.

Lao Tsé y Zhuangzi veían el dào 道 como algo que no podía ser verbalizado wúmíng 無名 y no podía tener forma wúxíng 無形. El lenguaje no puede ( ni debe) establecer una única vía que deba seguir todo el mundo. Una vía puede ser buena dependiendo siempre de las circunstancias y no de criterios absolutos.

En cierto modo, el resto de escuelas de filosofía también veían el dào 道como algo difícil de expresar en forma de palabras o enunciados. Por ejemplo, Confucio tiende a rechazar la ley 法 a favor de las normas de conducta lǐ 禮 y la virtud 德. Ambos debían ser aprendidos a través de la imitación. Por eso, el buen hijo debía observar la conducta de su padre e imitarle. Para Confucio es la imitación de un buen dào道 lo que lleva al orden y no la coerción y los castigos. El buen gobernante debe ser un modelo de virtud cuya vía sea seguida por el resto.

Asimismo, Han Feizi cuya filosofía es completamente opuesta a la de Lao Tsé y Zhuangzi (Han Feizi creía en que debía existir un gobernante con mucho poder mientras que Lao Tsé y Zhuangzi ven el poder político como algo negativo), acepta que el dào 道 es algo que es cambiante y no es posible de expresar con palabras. Han Feizi considera que no existe una única vía para gobernar sino que este depende de las circunstancias. Un dào 道 bueno en el pasado no necesariamente sirve para gobernar el presente.

Por lo tanto, tenemos en el pensamiento chino una clara tendencia a asumir que la vía por la que un individuo se conduce así mismo, un padre a su familia o un gobernante a su país es algo cambiante y difícil de verbalizar. Esta vía no siempre se puede basar en proposiciones sobre la realidad expresadas con lenguaje. Su validez no necesariamente depende de que se ajuste a determinados dogmas o axiomas sino que valga para unas circunstancias. Asimismo, los que siguen esta vía no necesariamente han de seguir dogmas o verdades absolutas sino la conducta de quien la conoce ( Con conducta nos referimos a xíng 行 que también significa «moverse»)

Por este motivo, consideramos que una diferencia fundamental entre la cultura occidental y la china que se ha de tener muy en cuenta es la siguiente: en la primera se tiende a confiar más en una serie de dogmas o verdades absolutas expresadas con palabras que conducen a lo bueno. Por el contrario, en la segunda se tiende a confiar más la imitación de unas conductas, generalmente avaladas por el pasado, que conducen a lo bueno.

Autor:

Javier Caramés Sánchez

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