Economía, Español

¿Es China comunista o capitalista?

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Algunas matizaciones iniciales…

Esta es una pregunta que muchos se hacen y que muy pocos se atreven a responderla con claridad. También esta cuestión hace que China despierte interés en los círculos académicos. Existe un gran número de artículos afirmando tanto que China es un país socialista o comunista como que es un país capitalista, cuando ambos sistemas parecen incompatibles. ¿Qué es en realidad?

Bueno. Esta pregunta parece sencilla, pero la respuesta es mucho más compleja. En primer lugar, los países (así como su economía y sociedad) evolucionan con el tiempo. Y ciertamente China ha cambiado mucho (y varias veces) en el último siglo, como veremos. Incluso la definición de socialismo usada por el gobierno chino ha evolucionado. En segundo lugar, no se puede valorar el sistema económico y/o político en general, sino que deben analizarse los aspectos concretos de su sistema.

En cuanto a su sistema cultural, debemos matizar que la cultura China presenta por lo general un elevado nivel de tolerancia y respeto a las tradiciones culturales, influenciado por las ideas del confucianismo y del taoísmo. Esto es un contrapeso evidente contra el poder burocrático del Estado y contra las transformaciones de la sociedad ejercidas desde el poder político.

Una vez hechas estas matizaciones, vamos a analizar los aspectos culturales, políticos y económicos concretos de China para poder llegar a una conclusión al respecto.

Un poco de historia…

Tras la guerra civil de China, en 1949 los comunistas se alzaron con el poder proclamando la República Popular China y creando un comunismo feroz en la China continental. En este momento, no existía la propiedad privada y la mayoría de la economía estaba planificada por el Estado, aunque dicha planificación era a un nivel más descentralizado que en el caso de la URSS. China era básicamente un país agrícola donde los campesinos debían entregar toda la producción al gobierno y éste repartía entre todos. Además, con el Gran Salto Adelante, Mao intentó convertir a China en un país industrial, aunque lo que provocó fue una enorme destrucción de herramientas y maquinaria: obligó a todos los campesinos a construir altos hornos en sus casas y a empezar a producir, que no les quedaba más remedio que fundir todos sus materiales para poder producir otros de menor calidad, con tal de cumplir con las órdenes gubernamentales. En esta época se puede decir que efectivamente China era un país comunista o socialista.

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Después de la muerte de Mao Zedong, Deng Xiaoping -que había sufrido en sus propias carnes la dura represión del gobierno de Mao- se convirtió en el máximo líder de la República Popular de China desde 1978. Deng Xiaoping se caracterizó por ser muy pragmático: “Da igual que el gato sea negro o blanco: lo importante es que cace ratones“. Su política consistió en mantener las instituciones del Partido Comunista, para no generar una crisis de legitimidad política, manteniendo la retórica comunista, al tiempo que emprendía reformas de apertura y liberalización económica.

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En realidad, muchas de las reformas emprendidas por Deng Xiaoping estaban inspiradas en la experimentación campesina bajo el régimen de Mao. Durante la época de Mao, muchos campesinos acordaron en secreto repartirse parte de la producción y no entregarla al gobierno. Deng Xiaoping legalizó este tipo de contratos, permitiendo en la práctica la producción agrícola para uno mismo. Además, los cambios impulsados por Deng Xiaoping fueron graduales (y no cambios repentinos), precedidos de experimentos a lo largo de todo el país. Por ejemplo, se liberalizaron ciertas zonas del país (llamadas Zonas Económicas Especiales), y una vez demostrada su eficacia, se trasladaron a otras zonas del país.

En la práctica, desde finales de los 70, con la entrada de Deng Xiaoping en el poder, China experimentó una de las épocas más reformistas y liberalizadoras de su historia, también fue una de las épocas con mayor crecimiento económico. Así, China protagonizó la industrialización más rápida de la historia. ¿Qué medidas implantó? Permitió la autoproducción campesina, permitió la inversión extranjera, creó zonas económicas especiales con regulación más laxa, elimino casi todos los ministerios industriales creados durante la época de Mao, eliminó casi todos los precios fijados por el gobierno y permitió los precios fijados por el mercado, privatizó numerosas empresas, entre otras. En consecuencia, los ingresos fiscales del gobierno cayeron dramáticamente desde finales de los 70.

También creó el término “Un país, dos sistemas” en el que permitía la existencia de varios sistemas económicos en China (con el objetivo de Macao, Hong Kong y Taiwán un sistema capitalista y China continental con un sistema más socialista). Se puede decir que desde finales de los 70, China experimentó una transformación económica sin precedentes, dejando atrás el comunismo y abrazando una economía de mercado, aunque todavía permanecían instituciones y características propias del socialismo. Por lo que las reformas económicas debían continuar en la senda marcada por Deng Xiaoping para abandonar por completo el socialismo.

Deng Xiaoping representaba las características más propias del pensamiento Chino: un pensamiento práctico y con poca carga ideológica, abierto a aceptar todo tipo de contradicciones. Mientras que en occidente la razón y las ideas suelen tener una preponderancia, así como la dialéctica y el enfrentamiento entre diferentes ideas, en oriente (y más concretamente en la china clásica) la razón y la idea queda muy por debajo de la realidad y la praxis. Además, el pensamiento chino suele caracterizarse por su sincretismo: no suele haber tal contraposición ideológica entre unas ideas y otras, sino que es de espíritu conciliador buscando la combinación de diferentes ideas.

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Así, fue posible que Deng Xiaoping iniciase la transformación económica, sin alterar de forma ostensible las instituciones del establisment. Deng Xiaoping no creía que la economía de mercado fuese sinónimo de capitalismo o que planificación fuese sinónimo de socialismo: “La planificación y las fuerzas del mercado no son la diferencia esencial entre socialismo y capitalismo. Una economía planificada no es la definición de socialismo, porque hay planes bajo el capitalismo; la economía de mercado se da también bajo el socialismo. El mercado y la planificación son dos fuerzas que controlan la actividad económica“.

Deng Xiaoping desarrolló el concepto de “Socialismo con características chinas”, que fue una forma de poder mantener la retórica comunista al tiempo que la economía se hacía cada vez menos intervencionista y con más libertad de acción para los ciudadanos. Este concepto defendía que China debía encaminarse hacia el socialismo, pero que China todavía estaba en una etapa muy inicial para poder lograrlo, y era en esta etapa inicial donde la economía de mercado debía imperar.

Aunque el proceso reformador fue muy loable y con unos resultados difíciles de mejorar, lo cierto es que dicho proceso reformador se ralentizó en el tiempo, hasta el punto de que puede hablarse de una reversión de las reformas económicas liberales en China. Algunos autores citan el punto de inflexión en las protestas de la plaza de Tiananmén en 1989. Analicemos en detalle dicho acontecimiento.

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Las reformas económicas hasta ese momento eran muy ambiciosas, y aunque se habían realizado de forma gradual, las reformas económicas suelen tener costes asociados a corto plazo a cambio de beneficios importantes a largo plazo. La liberalización de los precios estaba provocando una inflación muy importante en China, que originaba descontento social. Además, de dos hechos muy relevantes: primero, la liberalización de la economía hizo que el gobierno contase con menos recursos y menos control sobre la población; segundo, la liberalización de la economía incitó a muchos jóvenes a pedir una transformación semejante en el terreno político.

El gobierno de China vio amenazada su propia legitimidad y existencia, a consecuencia de las propias reformas que había llevado a cabo. Y por tanto, comenzó una reversión del proceso liberalizador de China y se produjo un crecimiento del poder del Estado muy elevado, convirtiendo a China más que en un país de libre mercado en un capitalismo de Estado.

Análisis…

¿Qué es socialismo o comunismo? Es difícil de precisar con exactitud dicha definición, pero podemos citar una serie de características propias. Se suele identificar con la propiedad pública de los medios de producción, con un Estado con elevada autoridad y capacidad, con una reconocida intención de cambiar la sociedad y una intención de redistribuir la riqueza. Además, está asociado con la planificación central (dirigida desde el gobierno).

China oficialmente es comunista, con un gobierno que tiene mucha más influencia sobre la economía que otras economías desarrolladas o de ingreso medio. Por otro lado, el gobierno chino nunca ha aceptado abiertamente la privatización. De hecho, la Constitución de China afirma que mientras existen múltiples sistemas de propiedad, la propiedad estatal debe ser la fuerza líder.

Toda la tierra en China es propiedad del Estado mientras que las viviendas son arrendadas a las familias mediante alquileres con duraciones de hasta 70 años. Dicha renta debe pagarse a los gobiernos locales, representando un total de ingresos del 7.1% del PIB. Además de los alquileres de la tierra, el gobierno de China no basa sus ingresos fiscales en impuestos sobre la renta o sobre la propiedad, sino en el IVA (4.6% del PIB) e impuestos empresariales (4% del PIB) e impuestos sobre transacciones. Además, los beneficios de las empresas estatales también van a las arcas del Estado (6.1% del PIB) y los beneficios de un sistema financiero totalmente regulado por el Estado. Esto significa que el gobierno de China tiene un control del 38% del PIB, aspecto muy diferente del que China tenía hace 20 años. Así, las fuentes de ingreso del gobierno han crecido dramáticamente, triplicándose desde 1996 hasta 2013.

Gráfico 1: Evolución de los ingresos públicos como porcentaje del PIB

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Gráfico 2: Control/Ocupación del gobierno de China en diferentes aspectos

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En otras palabras, la liberalización inicial auspiciada por Deng Xiaoping ayudó a crear un mercado privado, al tiempo que el gobierno se aseguró el control de la tierra y de todas las instituciones financieras. Esto ha permitido al gobierno chino monetizar ese control, generando suficientes ingresos, expandiéndose y virando hacia un modelo conocido como capitalismo de Estado.

En torno a la década de los 90 China prácticamente no tuvo planes o políticas industriales, ya que Zhu Rongji -primer ministro de China entre 1998 y 2005- no era partidario de ellos debido a la alta ineficiencia de los mismos. Sin embargo, en torno a la primera década del siglo XXI, los planes y las políticas industriales volvieron de nuevo con fuerza.

Además, el sistema financiero de China oficial se ha caracterizado por ser una extensión del gobierno de China. Actualmente en torno al 80% de los activos bancarios pertenecen al gobierno y los tipos de interés de los préstamos y los depósitos están regulados directamente por el gobierno de China. ¿Por qué es esto así? De esta forma, el gobierno dirige el crédito de la economía (los ahorros de los ciudadanos) en forma de préstamos a las empresas estatales, que son altamente deficitarias, consiguiendo financiación. Esto ha permitido que China tenga una red de empresas estatales enorme. De hecho, si las empresas estatales de China fuesen un país a parte, sería el cuarto país más grande del mundo (ver), detrás de EEUU, la propia China y Japón.

Gráfico 3: Ingreso fiscal de las empresas estatales contra el PIB de las mayores economías

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Por estas razones, los activos totales del gobierno de China (tierra, empresas no financieras y empresas financieras) totalizan un 300% del PIB, mientras que en EEUU esa cifra llega al 34%.

Gráfico 4: Activos totales del gobierno (%PIB), China y EEUU

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Sin embargo, donde la economía de mercado es más dinámica en China es en la industria y la agricultura. La proporción estatal en la industria ha descendido rápidamente a consecuencia de la entrada de empresas extranjeras y privadas, hecho auspiciado por la reforma económica. La propiedad privada en la industria se ha mantenido alta y tanto la industria como la agricultura se han mantenido predominantemente manejadas por el mercado. La mejora de la agricultura en China ha sido la responsable de que más de 114 millones de personas hayan salido de la pobreza en China.

Aunque todavía sigue vigente el sistema hukou que divide a todas las familias chinas en dos categorías: los que tienen un permiso residencial urbano y los que no. Esto ha creado una enorme desigualdad en la economía china.

Por otra parte, China no tiene desarrollado un sistema del bienestar, por su enorme dificultad a la hora de desarrollarlo. Esto hace que muchos de los desincentivos que un Estado del bienestar tienen sobre la economía, no se produzcan en China, a saber: inflación, desempleo, reducción del ahorro, etc.

 

Conclusión…

La política y economía de China ha estado en constante evolución. Evidentemente China ha experimentado una transformación económica muy importante, adoptando muchas instituciones propias de una economía de mercado, pero manteniendo todavía muchas propias de un sistema comunista, al tiempo que continúa con la retórica comunista. China todavía tiene muchas reformas que hacer para poder ser considerada como una economía de mercado: liberalizar su sector financiero, privatizar sus empresas estatales, favorecer los derechos de propiedad privada y eliminar el control de capitales.

A pesar de ello, se puede considerar que los ciudadanos de China cuentan con los suficientes instrumentos como para ejercer su libertad económica sin demasiadas restricciones. La reforma económica permitió la entrada de empresas extranjeras a China. Esto, unido con la existencia de Hong Kong -uno de los lugares con mayor libertad económica del mundo- hace que existan enormes válvulas de escape en China que alivien  enormemente la presión del Estado chino sobre la economía. No en vano, la gran mayoría de las empresas de China están radicadas en Hong Kong y operan como empresas extranjeras en China.

Además, la tecnología ha hecho posible que muchas de las regulaciones emprendidas por China sean altamente eficientes. El control de capitales es usualmente burlado por el uso del Bitcoin. Se estima que la gran mayoría de la actividad del Bitcoin proviene de los mercados on-line radicados en China. Además, el precio del Bitcoin está asociado con el nivel de restricción de capitales en China: a mayor restricción, mayor precio.

En definitiva, la China continental continúa teniendo características de una economía comunista, pero permite el uso de válvulas de escape y libertad de acción en algunos ámbitos que hacen que en la práctica sea posible una economía de mercado muy dinámica.


 

Fuentes utilizadas:

  • Just How Capitalist is China, Yasheng Huang
  • Naughton, Barry. 2017. “Is China Socialist?” Journal of Economic Perspectives, 31(1): 3-24.
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Español

Hong Kong 2.0

 

Autor: Ignacio M. García-Galán

Con 2017 marcando el 20º aniversario del retorno de Hong Kong a China, es posible que a ojos de los visitantes los cambios parezcan pocos más allá de la construcción de algún que otro nuevo rascacielos que florece en este enmarañado bosque de edificios. Los rascacielos de Hong Kong y sus interminables bloques residenciales conforman la postal más célebre de uno de los principales centros económicos de Asia. Sin embargo, en las estrechas calles que quedan escondidas entre ellos, se puede apreciar un creciente sentimiento de ansiedad.

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Hong Kong está, en realidad, cambiando cada día y, según la mayoría de sus habitantes, no necesariamente a mejor. La ola de miedo a la pérdida de libertades, entre ellas la de expresión, que precedió a la devolución de julio de 1997 no ha desaparecido. De hecho, ha aumentado de manera abrumadora en los últimos años, tras un período de tensa calma seguido de diversos escándalos políticos y de manifestaciones estudiantiles.

Desde el 1 de julio de 1997 un peculiar estatus ha mantenido a este pequeño territorio, de apenas mil kilómetros cuadrados, como una región de administración especial. En base a ella, Hong Kong tiene su propio banco y su propia moneda, un sistema multipartidista con elecciones abiertas, sus propias fuerzas de policía e incluso su propio comité olímpico, gracias al cual Hong Kong puede competir en cualquier disciplina y evento como si de un estado independiente de China se tratase. En manos de Pekín apenas quedan la defensa militar del territorio, el control de su espacio aéreo y el cobro de algún impuesto. A pesar de todo, la bandera roja, con sus cuatro estrellas doradas, se alza a la entrada de todos los edificios oficiales, siempre al lado de la hongkonguesa, roja también y decorada con una flor de bauhinia blanca. En teoría, el sistema actual debe mantenerse vigente durante cincuenta años, pero a medida que el tiempo pasa, los honkongueses no pueden evitar preguntarse qué será de su ciudad en 2047.

Es posible que los niveles de crecimiento del Puerto Fragrante, que es lo que Hong Kong significa en cantonés, puedan despertar la envidia del mundo entero. No obstante, a medida que la excolonia británica se ha convertido en un símbolo de la Nueva China también se ha vuelto más dependiente de esta, y aunque sea el paradigma del célebre dogma “Un país, dos sistemas”, es innegable que el brazo de Pekín es cada vez más largo y la influencia de sus líderes cada vez mayor. Los hongkongueses perciben, más allá del bienestar económico, un peligroso cambio en sus valores sociales y en sus sistemas legales.

Durante más de un siglo su población creció con la llegada de inmigrantes de la China continental prestos a servir de mano de obra. A día de hoy, por el contrario, los nuevos inmigrantes chinos en Hong Kong suelen ser nuevos ricos y grupos de inversión. Los mainlanders (chinos continentales) se han convertido en una suerte de casta propia, en un grupo creciente y con gran influencia. Con el despegue de la República Popular, una agresiva campaña se ha puesto en marcha para convertir a los ciudadanos de Hong Kong en ciudadanos modelo de la nación, empezando por la implantación del chino mandarín, idioma oficial del país pero que era una lengua hablada por apenas uno de cada tres hongkongueses antes de 1997. Para incrementar el nivel de paranoia, entre 2012 y 2016 casi la mitad de los bebés nacidos en la ciudad fueron de padres mainlanders y, desde 2007, un 38% de los matrimonios tuvieron a un hongkongués por marido y a una mainlander por esposa. Muchos creen que las semillas de la absorción ya están empezando a germinar.

Irónicamente, la democracia llegó muy tarde a Hong Kong. Tras 145 años de dominio colonial, los británicos finalmente decidieron implantar un sistema de elecciones y partidos en 1984. El objetivo de la medida, más allá de desarrollar a la sociedad y de estimular su participación directa en los asuntos de la villa, fue poner una bomba de relojería en el vientre de China, teniendo también en mente la posibilidad de retrasar la fecha de devolución. Londres intentó aplazar su salida hasta en tres ocasiones diferentes, la última de ellas en 1989 utilizando los incidentes de Tian An Men como pretexto.

Si bien casi ningún joven mainlander ha oído hablar de lo que sucedió en Tian An Men en junio de 1989, este episodio marcó a tres generaciones de hongkongueses, que a menudo lo usan como ejemplo ilustrativo de lo que la creciente influencia china les podría traer. Y es que, durante décadas, Hong Kong fue también un refugio para numerosos disidentes del régimen y exiliados varios, y continuó siéndolo incluso después de 1997. Hong Kong es la única ciudad china en la que se celebran manifestaciones libres en pro de los Derechos Humanos, la democracia o incluso en favor de la independencia del Tíbet. Siempre se han llevado a cabo sin miedo y sin presiones, al menos hasta que hace un lustro la situación comenzó a cambiar. Los gobernantes de la ciudad se han vuelto cada vez menos tolerantes con según qué manifestaciones o protestas y muchos jóvenes en Hong Kong acusan abiertamente a la policía y a la actual administración de ser vasallos del Partido Comunista Chino. Ya se han dado las primeras detenciones de manifestantes y de líderes estudiantiles y, como se pudo ver en la reciente Revolución de los Paraguas, la policía antidisturbios ha salido a la calle por primera vez en años y no precisamente a repartir caramelos. Los manifestantes denuncian una actitud más agresiva de la policía hacia ellos, achacando esto a una cuestión innegable: que Hong Kong se ha convertido en el centro comercial y de recreo favorito de los chinos ricos y que no resulta conveniente amargarles la fiesta.

Es probable que este episodio no sea más que una continuación del carácter dual de Hong Kong. Guarida de piratas y de contrabandistas, pasó a ser una posesión de Su Graciosa Majestad en la que los límites entre lo legal y lo ilegal no siempre estaban definidos, dando a luz a una ciudad de gángsters, banqueros y héroes, retratada hasta la extenuación en un sinfín de películas con su propio elenco de estrellas locales. Sin embargo, esta época dorada de crimen organizado tuvo su culmen entre 1960 y 1980, curiosamente en el mismo momento en el que los movimientos izquierdistas y los grupos pekinófobos estaban también su máximo apogeo. Lo gracioso es que incluso las mafias se han visto afectadas por el retorno, habiendo trasladado la práctica totalidad de sus operaciones al continente, que ofrece un mercado mucho mayor y más barato, con más rutas de huida y posibles escondites que el pequeño Hong Kong. En esencia, Pekín espera que la ciudad siga siendo lo que es ahora, una fábrica de hacer dinero, al menos por el momento. Pero está claro que, a medida que el crecimiento de otras grandes urbes chinas de la zona sigue adelante inexorable, crecen también las posibilidades de que Pekín acabe absorbiendo Hong Kong y convirtiéndola en una ciudad costera más. Al fin y al cabo, poco tienen que envidiar ya Guangzhou o Shenzhen a su vecina.

A medida que la noche cae sobre la ciudad, las luces de neón iluminan los inmensos edificios que se asoman a la Bahía Victoria. Los inagotables ríos de gente, los característicos taxis rojos y el olor de los puestos callejeros de comida lo inundan todo. Cientos de barcos, grandes y pequeños, cruzan de la península a la isla dándole al espectáculo un toque de mayor colorido y vitalidad aún. Esta ciudad es un lugar singular, uno de esos rincones únicos en el mundo que van más allá de los cruces de culturas, estilos y mentalidades. Hong Kong siempre ha sido asociada con la palabra libertad en las mentes de sus habitantes. Mas, ¿qué significa esa idea de libertad para ellos?

Por su parte, a los mainlanders no les cabe duda de que su sistema es el mejor y, a ojos suyos, los hongkongers no son más que unos demagogos contaminados por patrañas y propaganda extranjeros. Razones no les faltan para creer ambas cosas. El milagro económico de China es hasta ahora incuestionable. La mejora en su calidad de vida e infraestructuras asombran al planeta y para los nuevos inquilinos de la ciudad el pasaporte hongkongués y su sistema educativo son sublimes.

Los hongkongueses creen en el carácter único de su espíritu y su personalidad, pensando que tal vez sea una puerta para un cambio en el Gigante Asiático. Sin embargo, muchos cuestionan si un solo Hong Kong será suficiente para lograr tamaña hazaña o si, más bien, será China la que acabe cambiando Hong Kong para siempre.

Economía, Español

El Río de las Perlas (China)

Durante la lectura de este artículo, usted, querido lector, tendrá la oportunidad de visitar uno de los lugares más ricos y desarrollados de China, conocido como el Río de las Perlas en español (Pearl River, en inglés; 珠江 en chino), siendo el tercer río más largo de China, tras el Yangtsé (长江) y el río Amarillo (黄河).

El río discurre por la parte sur de China y desemboca en el mar de la China Meridional, entre Hong Kong (香港) y Macao (澳门), formando ente las dos regiones el conocido Delta del Río de las Perlas.

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El río atraviesa las provincias de Guizhou, Guangxi, Hunan, Jiangxi y Guangzhou, donde desemboca formando el ya mencionado delta, entre las ciudades de Shenzhen (深圳) y las regiones de Hong Kong (香港) y Macao (澳门). Además, las economías de estas tres ciudades están muy interconectadas, formando un núcleo económico en esta parte de China, el río de las Perlas.

La característica más importante -y es la razón por la que escribimos este artículo- es que es una de las zonas económicas más prósperas de China y donde se encuentran a ambos lados las antiguas colonias europeas de Hong Kong (香港) y Macao (澳门).

Empezamos por el lugar donde desemboca el río, la ciudad de Guangzhou (广州), que ocupa el 3% de toda la economía de China con un PIB per cápita cercano a los 21.000 dólares, casi el triple que la media de China. La economía es principalmente un centro comercial y manufacturero líder. También es conocida por su moderno y eficiente sistema de transporte. Además, la ciudad de Guangzhou (广州) cuenta con uno de los mercados de pescado más grandes de toda China, donde los pescadores de todo el país descargan la mercancía en el puerto de la ciudad, formando un inmenso mercado donde compradores de toda China se dirigen allí para distribuir el pescado por todo el país.

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Mercado de mariscos en Guangzhou

En la ciudad también nos podemos encontrar con la pequeña isla de Shamian (沙面), un territorio otorgado a Francia y al Reino Unido por el gobierno de la dinastía Qing (清朝) en el siglo XIX, por lo tanto en la ciudad también existe influencia del extranjero.

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Arquitectura occidental en la isla de Shamian, Guangzhou

Guangzhou (广州) es una ciudad muy parecida a otras ciudades de China continental, como por ejemplo Chongqing (重庆) en cuanto a costumbres y modos de vida, pero con la particularidad de que el mercado de Guangzhou (广州) es mucho más dinámico, lleno de vida, de trabajo y de comercio.

Si nos adentramos un poco más al sur (tan sólo nos tomará media hora en un tren equivalente al AVE español), llegaremos a la ciudad de Shenzhen (深圳), una de las ciudades más curiosas de toda China.

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El edificio Pingan (平安), uno de los más altos del mundo.

Quizá sea la ciudad más moderna de China continental e incluye el rascacielos más alto de toda China. Antes del año 1980, cuando el gobierno de Deng Xiaoping (邓小平) la reconoció como la primera Zona Económica Especial (ZEE) en toda la República Popular, no era más que un pueblo de pescadores que luchaban por atravesar las fronteras para emigrar a Hong Kong (香港). La declaración de la ZEE, junto a la mano de obra barata, el bajo precio del suelo y la cercanía con Hong Kong (香港), provocaron un enorme auge económico para la ciudad, pasando a ser una metrópoli y uno de los principales centros de producción del país y una de las ciudades de más rápido crecimiento del mundo.

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Shenzhen, antes de la reforma y despúes de la reforma

Shenzhen (深圳) tiene también uno de los mejores ambientes de toda China con unos niveles de polución muy bajos. En cuanto a cifras económicas, representa aproximadamente el 3% de la economía China (que junto a Guangzhou ambas sumarían el 6%), con un PIB per cápita superior a los 24.000 dólares, casi 4 veces la media de China.

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Playa de Shenzhen

Shenzhen (深圳) es un pueblo de pescadores reconvertido a metrópoli financiera en tan sólo 30 años. Parece difícil de creer, pero así es. Y nuestra visita a la ciudad así nos lo confirma. Es una ciudad compuesta principalmente por emigrantes jóvenes de todas las partes de China, razón por la cual en esta ciudad no se habla cantonés (que sí se habla en Guangzhou y Hong Kong), sino que se habla mandarín o idioma común (普通话), el idioma en el que todos los chinos pueden entenderse entre sí.

Shenzhen (深圳), todavía conserva bastantes costumbres de la China continental, al igual que Guangzhou, pero quizá Shenzhen sea más moderna e internacional y en algunos casos -sobre todo por el centro- vemos que la mayoría de los edificios y calles son mucho más nuevos y más limpios, que los de Guangzhou. Tenemos la impresión de que cuánto más al sur vamos por esta zona de China, más avanzadas van siendo las ciudades, los números parecen confirmar la impresión.

Es el momento de abandonar la ciudad y seguir avanzando por el sur, donde cruzaremos la frontera entre China y la Región Administrativa Especial de Hong Kong (香港), que se compone de un total de 18 distritos, entre los que podemos encontrar diferentes islas y puertos. La parte en la que acabamos de llegar es la parte continental de Hong Kong, conocida como Kowloon (九龙区), llamada “nueve dragones” en chino, y es la zona con la densidad de población más elevada del planeta (43,000 hab/km2) y es la zona menos rica de Hong Kong, reflejando una fuerte desigualdad en todas sus calles. Fue adquirida por el Reino Unido en 1860.

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Calles típicas en la isla de Kowloon

Atravesamos el puente que conecta Kowloon con la isla de Hong Kong, adquirida por el Reino Unido en 1842,  con una densidad de población ostensiblemente más reducida. El PIB per cápita de Hong Kong es 7 veces superior al de la media de China, cercano a los 46.000 dólares. Es conocida por ser una de las economías más libres del planeta.

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Vistas típica en la isla de Hong Kong

Hong Kong no fue controlada por el dictador Mao Zedong (毛泽东) y por tanto la cultura tradicional china en Hong Kong se mantiene incólume, al no haber recibido la influencia de la Revolución Cultural ideada por Mao. Por ejemplo, en Hong Kong se utiliza el sistema tradicional de escritura, el chino tradicional y se habla cantonés, un idioma que es más cercano al chino más antiguo.

Sin embargo, Hong Kong no está exento de problemas. Hong Kong, a pesar de tener un espacio limitado, la mayor parte de su territorio está sin edificar, razón por la cual Hong Kong es la ciudad con las viviendas más caras de todo el mundo, llegando a costar una vivienda promedio los ingresos completos de 19 años de un hongkonés medio (eso es una cifra cercana al millón de euros). Un apartamento minúsculo y en muy malas condiciones no puede encontrarse por menos de 1.000 euros al mes.

Al problema de la vivienda se le une la elevada desigualdad en Hong Kong, que es la desigualdad más elevada del mundo en una ciudad desarrollada, debida en gran parte por el problema de la vivienda y por la presión de China continental sobre Hong Kong. Multitud de hongkoneses coinciden en que desde que Hong Kong pertenecía al Reino Unido hasta que fue devuelta a China, la situación no ha dejado de empeorar: “Las condiciones de vida son cada vez peores, que los precios son más altos y desproporcionados en relación a los sueldos”.

Estas son las razones reales, junto al hecho de que China a partir de 2017 restringirá el sufragio universal en Hong Kong, que en la práctica supone el control de la política autónoma de Hong Kong, lanzó a muchos ciudadanos a la calle en la conocida “Revolución del Paraguas”, el 22 de Septiembre del año 2014.

Finaliza así nuestro viaje por la zona económicamente más desarrollada de China, el delta del río de las Perlas.