Español, Filosofia

¿Cómo se le puso freno al poder político en Europa y China?

Autor: Javier Caramés Sánchez 

En esta entrada analizaré dos formas diferentes de ponerle freno al poder político. Una se basa en el sometimiento a una autoridad impersonal o supra humana, la otra se basa en el respecto al orden natural de las cosas. La primera se desarrolló en Europa mientras que la segunda es propia de la civilización china.

Antes entrar en el análisis, mostraremos lo que entendemos como poder político, término que definiremos como un grupo de personas organizado y dirigidos por un líder que ejerce de forma legítima la coacción. Tal y como dijeron Zhuangzi y los defensores de las teorías predatorias del estado, el origen del poder político está en bandas de bandidos que pusieron a trabajar para ellos a las personas que dominaron y consiguieron hacerles creer  que esto lo hacían por su propio interés. No vamos a entrar a debatir si es necesaria o no la coacción del estado. Sobre este tema recomendamos  este debate entre Juan Ramón Rallo y Miguel Anxo Bastos Boubeta.

En Europa, desde muy antiguo, el poder político siempre a estado sometido a un ente suprahumano superior. Tradicionalmente dicho poder estuvo encarnado en Dios. Él representaba la verdad absoluta y ningún gobernante podía, al menos teoría, quebrantar su ley. Asimismo, ni gobernante ni su corte estaban autorizados para interpretar la voluntad de Dios. Esto correspondía a la Iglesia.

Este modelo de continencia de poder político sufrió desde la Revolución Francesa hasta el siglo XX una transformación en lo aparente. Es decir, esa autoridad supra humana que antiguamente era Dios se convirtió en la gente. La voluntad del altísimo fue sustituida por la de un colectivo.  Este colectivo fue entendido de diversas maneras. Por ejemplo, para las ideologías nacionalistas el colectivo es la gente que constituye una nación mientras que para las socialistas esto colectivo lo constituía la clase obrera. De la misma forma que el gobernante antiguamente debía estar sometido a la ley de Dios, en la actualidad los políticos deben acatar la voluntad de las masas encarnada en ideologías como el socialismo o el nacionalismo. La ciencia moderna también apela a un orden superior abstracto cuyas leyes debe obedecer el poder político. No es de extrañar que con frecuencia se tienda a justificar la acción política con la autoridad de la ciencia.

En el caso chino el freno son unas enseñanzas asociadas generalmente con Confucio y sus seguidores que instan al poder político (el emperador y su corte) a adaptarse al orden natural de las cosas, no actuar y no hacer sufrir al pueblo ni empobrecerlo con impuestos. El gobernante dentro de los ideales de Confucio debía ser un modelo de virtud para el resto. Su autoridad debía basarse en la ejemplaridad antes que en la coerción y los castigos. El mandatario debía instruir en el lǐ 禮 a su corte formada por ministros cuyo criterio de selección era su talento más que su nacimiento. De hecho, desde la dinastía Han, el acceso a la corte se hacía por oposición. Estos exámenes de acceso no median tanto conocimientos técnicos como el de conocimiento de unos ideales cuyo énfasis se ponía en el cultivo de la virtud. De acuerdo con estos ideales, el poder político debía poner por encima el bienestar del pueblo no siendo lícito que la corte tuviese muchos gastos ni, todavía menos, asfixiar al pueblo con altos impuestos. De hecho, hubo en momentos puntuales de la historia de China en los que los impuestos fueron simplemente abolidos. Un caso muy conocido fue el reinado del emperador Wen durante la dinastía Han durante el cual los impuestos fueron eliminados.

A menudo se ve a los gobernantes orientales como déspotas. Ciertamente lo eran pero su esfera de poder estaba muy limitada a la corte. A diferencia de lo que ocurrió en Europa, en la China anterior al siglo XX no se produjo un control fuerte en la moralidad y modos de vida de la gente. Aunque hubo conflicto puntuales entre la religión y el poder, no se impuso una religión única y verdadera y se respetaron considerablemente las costumbres de las minorías éticas. Tal y como señala Kent Deng, (Véase:45:50), las enseñanzas de Confucio permiten que la sociedad se autorregule sin necesidad de que sea dirigida por un gobernante. Kent Deng también señala que durante la dinastía Qing el poder político dejó que la sociedad se autorregulase (Véase:41:45)

Incluso, en la actualidad, a pesar de la occidentalización de las instituciones del poder político que se dio en el siglo XX, el poder político no muestra intentos de transformación de la sociedad semejantes a los que padecemos en Europa. La renuncia a la revolución comunista que dio el propio Partido Comunista siendo su líder Deng Xiaoping o políticas que permiten la coexistencia de distintos sistemas jurídicos con fundamentos ideológicos complemente opuestos muestran un claro desinterés por transformar a la sociedad en base a unos ideales. Hong Kong o zonas económicas especiales como la de Pudong en Shanghái ponen en clara evidencia todos los principios del comunismo. Obviamente, como en la mayor parte de países del planeta (incluida España), en China hay adoctrinamiento. Sin embargo, su cometido es reforzar la autoridad del poder político y no tanto instruir a la población en verdades absolutas abstractas válidas para toda circunstancia.

Obviamente, los dos modelos de continencia del poder político mostrados en esta entrada son un arma de doble filo: de la misma forma que sirven para pararle los pies al déspota también pueden ser la forma de fortalecer todavía más su poder. En el primer modelo, el poder político puede manipular las leyes del poder supra humano al que está sometido. Es decir, puede hacer que la religión dicte los dogmas que le interesa o manipular el conocimiento para legitimar su poder. En el segundo de los modelos, el poder político puede hacer leyes para que parezca virtuoso. No es extraño que en China y los países que siguen su modelo se critique poco a la autoridad de forma abierta.

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