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Introducción a la Economía China (VI): La dinastía Qin (秦)

En la anterior entrega, analizamos cómo China pasó de ser un lugar de libertad y paz a ser un lugar muy militarizado y con políticas cada vez más represoras, pues el Estado de Qin (秦) durante el período de los Reinos Combatientes (战国时期) utilizó los preceptos de la filosofía legista (法家) para fortalecer el ejército y conquistar al resto de Estados que componían el territorio de China. Las favorables condiciones geográficas (el Estado de Qin estaba rodeado por cadenas montañosas que ejercían de muralla natural contra invasores y contaba con una gran cantidad de tierra fértil) coadyuvaron a dichas conquistas.

El culmen de la represión y pérdida de libertad llegó con la unificación del territorio en la dinastía Qin, el Primer Imperio de China. Su nacionalismo y concentración de poder exacerbada dejó una impronta en el resto de la historia de China, creando las bases del Estado burocrático en el que estuvo basada China a partir de ese momento.

En torno al 256 a.C. el territorio de China ya estaba controlado por el Estado de Qin, cuyo gobernante se proclamó como el Primer Emperador de China o Shihuangdi (秦始皇帝)  -título antes reservado sólo a deidades- a la edad de nueve años. Debido a la juventud del Primer Emperador, casi todas las reformas estarían impulsadas por su primer ministro, Li Si (李斯). Li, férreo enemigo del confucianismo (儒家) y taoísmo (道家), mandó quemar todos los libros que no fuesen legistas para asegurar aún más la fortaleza ideológica del Imperio.

La nueva corte imperial diseñó un Estado burocrático y centralizado, bajo un esquema no-hereditario, en el que la promoción en los puestos del Estado se hacía mediante acumulación méritos y talento (Yuri Pines, 2013). Además, unificó la moneda, la escritura y el sistema de pesos y medidas. Los códigos legales de anteriores Estados se abolieron por completo y se creó uno único. Se aprobó el sistema de responsabilidad colectiva, mediante el que la población se dividía en grupos de 5-10 familias, donde todos los miembros de una unidad eran responsables colectivamente de los crímenes cometidos por un individuo de la misma.

Prima facie, desde el punto de vista económico, la unificación de la moneda, la escritura, el sistema de pesos y medidas y la legislación puede tener ciertas ventajas. En primer lugar, reduce los costes de transacción y traducción, haciendo más fácil -en teoría- la comunicación y el comercio entre las diferentes partes del Imperio. Esto suele verse como un triunfo de la dinastía Qin. Aunque, desde un punto de vista más subjetivista (Yeager, 2005), imponer tales condiciones a la población podría terminar perjudicando a la eficiencia económica: el gobernante puede imponer condiciones que no se adapten a las necesidades o valores de todos los habitantes. Es por eso por lo que una unificación en medidas, lenguaje, moneda o legislación siempre tiende a fomentar la prosperidad si es espontánea que si es planificada (Hayek, 1988). Parece por tanto, que la elevada planificación central del Imperio no iba encaminada a favorecer la prosperidad. Sea como fuere, lo cierto es que el motivo de la unificación por parte de la corte imperial fue más político que económico, persiguiendo un fortalecimiento del sentimiento nacional, para fortalecer al Imperio.

El Imperio de China supuso el colapso del sistema feudal y la pérdida de poder de los señores con poder local o Zhuhou (诸侯). Aunque es cierto que probablemente todavía existían poderes que contrapesaban el poder del emperador. El hecho mismo de que el Imperio ejerciese una represión muy elevada sobre la población evidencia el enorme esfuerzo que el Emperador debía realizar para contrarrestar el número de contrapoderes existentes que derivaban de épocas anteriores. Por ello, el gobierno central de Qin buscó minimizar el poder que los propietarios y aristócratas. Los principales nobles de los diferentes Estados fueron forzados a dejar sus tierras y emigrar a la capital, bajo un estricto control del emperador y sus ministros, para evitar la organización de revueltas. Cualquier habitante que rechazase dicho cambio sería o bien quemado vivo o bien enviado a trabajar en la construcción de la Gran Muralla China (万里长城).

Conviene estudiar el sistema de reparto de la tierra que al ser la base económica en aquella época, pues ayuda explicar la estructura del poder económico y político del momento. El anterior sistema de reparto de la tierra (井田制度), en el que la tierra era dividida en nueve partes, donde una era adjudicada al señor local y el resto a los campesinos (Zhufu, Fu; 1981), fue eliminado por Imperio de Qin: fue reemplazado por un sistema de propiedad privada vigilada, bajo el mecanismo de premios y castigos (奖惩制度). Para incrementar la producción, se permitió un mercado privado de tierra y se exigía a los campesinos pagar impuestos en especie o en dinero. Se ejercía un control administrativo directo sobre el campesinado, con funcionarios locales vigilando sus labores. Los campesinos que excedían las cuotas de producción eran premiados con más tierras y los que no superaban las cuotas eran usados como esclavos para la construcción de proyectos de infraestructura del Imperio. Esto permitió al gobierno de Qin una mano de obra muy elevada para poder construir proyectos muy ambiciosos, que veremos más adelante en este artículo.

Bajo dicho sistema existía una jerarquización social muy detallada, formada por 20 rangos diferentes (Lewis, 2007), en los que se podía ascender mediante méritos bélicos o administrativos, que también eran recompensados mediante el reparto de tierras. Los castigos consistían desde trabajos forzados, impuestos más elevados hasta torturas.

Como vemos, la planificación Imperial del primer ministro Li Si (李斯) estaba basada en un sistema de tierras a pequeña escala, asignadas a cada campesino, cuyo comportamiento y actividad estaría regulado por un código legislativo. Se trataba por tanto de un macroestado basado en el campesinado, donde los comerciantes y los artesanos eran considerados parásitos (a pesar de que fueron cada vez más numerosos). Para el régimen, la agricultura era la fuente de riqueza principal que, a través de dos tipos de impuestos (uno mediante la extracción de 1/15 de la cosecha y otro mediante trabajos comunitarios), fortalecería al Estado y por tanto al ejército, el objetivo final del Imperio (富国强兵).

La corte imperial creó el servicio militar obligatorio de un año de duración para los habitantes con una edad situada entre los 17 y 60 años. Se ordenó la destrucción de muros y fortificaciones de los anteriores Estados y se ordenó la construcción de la Gran Muralla China (万里长城), usando parte de las murallas ya construidas por otros Estados, con el objetivo de repeler la intrusión de los pueblos nómadas. Se estima que se necesitaron 300.000 hombres trabajando continuamente en la construcción de la muralla bajo condiciones infrahumanas, en las que muchos obreros llegaban a morir. No en vano, la muralla China es conocida por ser el “cementerio más grande del mundo” y muchos trabajadores eran enviados allí como castigo. El gobierno de Qin se autoproclamó como el único legítimo bajo China y se ordenó que sólo el Estado Qin pudiese poseer armas, ordenando la confiscación de armas privadas y su posterior fundición. Asimismo, nacionalizó por completo la educación (Yuri Pines, 2013).

Ahora bien, en referencia los recompensas otorgadas por el Emperador, lo cierto es que el terreno fértil (con acceso al agua), era cada vez más escaso por lo que el número de tierra a repartir como incentivo era cada vez más reducida, lo que ponía en peligro uno de los dos pilares sobre los que el sistema imperial se sustentaba. ¿Cuál es el incentivo de un campesino de arriesgar su vida en un conflicto armado si la tierra que recibirá no es fértil?

Por tanto, se ordenó construir sistemas que permitiesen dar una respuesta a dicho problema. El ingeniero Li Bing (李冰) acudió al río Min (岷江) y observó la población cercana sufría inundaciones periódicas sin que ese agua pudiese aprovecharse posteriormente en regadío, debido a que el agua de deshielo caía recurrentemente en el cauce del río durante el verano. Diseñó por tanto un dique que impedía que se produjesen inundaciones y el exceso de agua era reconducido, creando un sistema de regadío que convirtió Sichuan en la región más fértil. El sistema, llamado Dujianyan (都江堰), fue nombrado Patrimonio Mundial de la Humanidad y todavía sigue en funcionamiento. Para su construcción fueron necesarias más de 10.000 personas durante 4 años. Además de este proyecto y la construcción de puentes y carreteras, la dinastía Qin también construyó otros dos proyectos hidráulicos más: el canal de Zhengguo (郑国渠) y el canal de Lingqu (灵渠).

Sin embargo, la dinastía Qin ha sido más conocida por la construcción del mausoleo (秦始皇陵), donde se encuentran los guerreros de terracota (兵马俑) y donde la mayor parte del complejo todavía no ha sido abierto, tanto por la peligrosidad debido a los elevados niveles de mercurio presentes en el interior de la tumba del primer emperador como por asegurar su conservación lo máximo posible. Se estima que fueron necesarias más de 700.000 personas para su construcción durante más de 39 años y de personas que provenían de muchos lugares diferentes (Xu et al., 2008). El primer emperador estaba obsesionado con la muerte y desde edad muy temprana mando a construir el mausoleo, al tiempo que buscaba la formula de la inmortalidad. Paradójicamente, dicha búsqueda le llevo a la muerte, al ingerir posiblemente sustancias venenosas que unos magos le ofrecieron, en un intento de conseguir la inmortalidad.

Dichas construcciones implicaban enormes desplazamientos de personas y una elevada represión de los trabajadores, lo que alentaba en cierto modo la posibilidad de rebeliones y revueltas sociales. Por este motivo el régimen debía asegurarse un elevado grado de control y de represión. Por otro lado, la arquitectura también reflejaba el estilo Imperial y militar con imponentes edificios. Las figuras humanas pasaron a ser mucho más grandes, dando un reflejo de fortaleza imperial. Bajo el Imperio Qin las ciudades-estado quedaron obsoletas y se crea una red planificada centralmente. Las carreteras tenían una estructura rectilínea orientada norte-sur y este-oeste, que no hubiese sido posible sin planificación central del Imperio. Las carreteras radiaban desde la capital, uniendo las diferentes provincias con el centro (lo que permitía al ejército de Qin desplazarse rápidamente para eliminar cualquier invasión o revuelta).

De acuerdo con algunas fuentes, se estima que la población al principio del Imperio Qin era de 40 millones de habitantes y al final de 18 millones, con lo que se redujo de forma importante en su corta historia. Por otra parte, tan sólo el mausoleo junto con la muralla china ocupaban más de un millón de trabajadores (entre un 2,5% y un 6% de la población). Probablemente, teniendo en cuenta la construcción de todas las carreteras, edificios y canales la cifra total de trabajadores construyendo edificios planificados por el Imperio bajo condiciones muy precarias sería mucho más elevada, todo eso sin tener en cuenta al muy numeroso ejército.

Llegados a este punto conviene hacer una mención especial al paralelismo que la economía Imperial de Qin guarda con los preceptos defendidos por la moderna escuela de economía keynesiana. Según Keynes, la economía en ciertos períodos presenta una insuficiencia de demanda ya que la incertidumbre lleva a algunos agentes económicos a restringir su gasto (Rallo, 2011). Es por ello por lo que el sector público debe emprender proyectos de inversión y gasto público, que inyectarán en la economía fondos. Los agentes que reciban dichos fondos a su vez volverán a gastarlos, hasta incrementar ostensiblemente el crecimiento económico, en forma de efecto multiplicador. Mutatis mutandis, podemos decir que el Emperador ya fue uno de los primeros keynesianos de la historia, al emprender ambiciosos proyectos de inversión pública que incentivarían la demanda agregada y el crecimiento económico, según la escuela keynesiana.

Sin embargo, tal y como argumentaba el contrincante intelectual de Keynes, Hayek, lo importante en economía no son las cifras agregadas, sino satisfacer las necesidades de los individuos y producir exactamente aquello que se demanda. La economía según Hayek debía regirse por las acciones voluntarias de los individuos y no por la intervención del gobierno. No consiste en demandar artificialmente para producir aquello que nadie necesita, ya que representa una pérdida de recursos, más allá de un aumento de la producción. Parece pues que un Imperio donde aumenta sobremanera la inversión pública, pero cuya población se reduce a un ritmo vertiginoso no parece ser precisamente un lugar deseado para vivir.

Y precisamente el descontento social fue lo que motivó la pronta caída de la dinastía Qin. Tras la repentina muerte del Primer Emperador, su primer ministro Li Si decidió ocultarlo para evitar el estallido de revueltas sociales que provocasen la caída del régimen. Sin embargo, poco más tarde (210 a.C.) las revueltas sociales estallaron al mismo tiempo en diferentes partes del Imperio, poniendo a las fuerzas de Qin a la defensiva. Las revueltas estaban también reforzadas por dos motivos: las élites de los antiguos Estados deseaban independizarse del imperio, y los habitantes querían librarse del duro y represivo régimen de Qin.

Las fuerzas de Qin no pudieron controlar las revueltas y poco despúes (206 a.C.) la capital del Imperio (Xian) cayó en manos de uno de los grupos rebeldes y el Segundo Emperador de Qin se rindió. En este momento, China estaba sumida en un profundo caos político. Cada área estaba controlada por un grupo rebelde diferente, que incluso luchaban entre sí. Parecía que la unificación imperial se hizo añicos. No obstante, poco después, todos los grupos rebeldes quedaron bajo el control de un único hombre, Liu Bang (刘邦), convirtiéndose en el fundador de la dinastía Han, la dinastía más importante de la historia de China que, a diferencia de la dinastía Qin, siguió los preceptos de la escuela confuciana. Pero tendremos que esperarnos a la siguiente entrega, en donde Chinacerca analizará dicho período.

 


Fuentes utilizadas:


Colección de entregas Introducción a la Economía China:

  1. Introducción a la Economía China (I)
  2. Introducción a la Economía China (II): Primeros vestigios de China
  3. Introducción a la Economia China (III): Los inicios de la época dinástica
  4. Introducción a la Economía China (IV): La época pre-imperial.
  5. Introducción a la Economía China (V): La creación de un Imperio

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